Acorralando el caos 1: el rincón del café antes y después.

Vuelvo a la carga con alguna que otra fiesta en perspectiva, que ya os contaré en todo detalle, por supuesto.

En la entrada de hoy, os voy a enseñar como he llevado a la práctica otra de las ideas de mi librito gurú “Nunca más caos”.

Me he propuesto ir rincón por rincón de la casa, aniquilando semillas de caos. El guiri ya me llama la talibán de las etiquetas, pero me da igual, ¡venceré!

Con el cajón de la cocina comprobé que por exagerado que pareciese etiquetarlo todo, para alguien tan perfeccionistamente desastrosa como yo, es una manera infalible para que las cosas sean mucho más fáciles de ordenar una vez que has acabado de hacer lo que sea.

Puedo prometer y prometo, que aproximadamente 8 meses después de la “absurda” idea de poner etiquetas en el cajón, el ídem sigue en perfecto estado de revista, y no he tenido que adentrarme en sus profundidades para buscar un pelapatatas nunca más.

Pues bien, como os conté, uno de los principios para mantener el caos a raya, según este libro, es tener zonas bien organizadas en casa para cada una de las tareas que hacemos habitualmente.

Os acordáis que os puse como ejemplo en el post de las etiquetas el “centro de llamadas” casero?.

Y ¿qué es lo primero que se hace en mi casa por la mañanita y en estado catatónico para poder ser  persona el resto del día?.

Pues tomar un café… o dos.

Y ¿qué es lo que se hace de octubre a mayo constantemente para no fenecer de fresquíbiri?

Pues tomar té e infusiones a gogó.

Cuando uno tiene los ojos pegados después de una noche toledana, es fácil que acabe echando cualquier cosa en la taza.

Os prometo que no es broma (aunque parezca que es lo típico de las películas) alguna vez he puesto bicarbonato en vez de Canderel. Además mi guiri siempre sale escopetado por las mañanas y yo soy como la del chiste:

“Papá dónde está América?”

“No sé hijo pregúntale a tu madre que es la que lo guarda todo”.

Pues eso, que cada vez que me da un yuyu organizador, cambio todo de sitio y el pobre guiri tiene que rebuscar, cosa que a las seis menos cuarto no apetece nada, lo admito.

Eso, unido a la afición absolutamente alemana de tener tooooooooodo lo necesario encima de la encimera de la cocina (bueno, y encima de la mesa del salón, y encima de los armarios y encima de encima de encima hasta conseguir apartamentos muy prácticos, sí, con todo a mano, sí, pero que parecen un puesto del rastro en domingo por la mañana) había desembocado en algo así al lado de nuestra cafetera:

Rebullo que choca frontalmente con la idea de “cocina recogida después de fregar la loza y pasar el mocho” que tenemos por nuestros pagos.

Yo no sé vuestras abuelas y madres, pero las mías secan hasta el fregadero después de fregar, y en la cocina no se ve ni un cacharrín encima de la encimera. Eso es para nosotros recoger la cocina.

Para mis queridos teutones, recoger la cocina es apartar contra la pared todo lo que nos estorba para cocinar, hasta que la pared está tan concurrida que lo más que puedes cocinar es un trozo de pan con queso.

Sin acritud.

Refrán sabio es el de “Si no puedes con tu enemigo únete a él” a lo que yo añado: “únete a él con estilo”

Por eso, y aunque en el libro no venía como tal, decidí que necesitábamos una “Estación de café y té” esto suena fatal porque es traducido del inglés directamente, en español diríamos “tenerlo todo junto y a mano” pero no queda ni chispita elegante. Es mucho más fino lo de la “Tea and coffee station”.

No necesitas gran cosa, sólo un huequito al lado de la cafetera y unos cuantos cacharritos decorativos y prácticos para tener todo a mano para disfrutar de un café sin tener que rebuscar constantemente (un punto para los alemanes) pero que quede bonito (punto para España).

(Para ver las fotos en grande haced click sobre ellas)

- Busca una bandeja bonita que no ocupe mucho y a ser posible que tenga laterales y asas. Ponerlo en bandeja es mejor porque así puedes quitarlo todo facilmente si necesitas la superficie para hacer algo, y además queda tan bonito que puedes sacarlo tal cual si organizas una tarde de té o en un cumple para que la gente se sirva ella misma.

Yo usé esta que tenía del bautizo de Martin. Me encanta y además queda perfecta con la cocina y en el hueco.

Puedes ponerle un pañito si tu cocina es más clásica, o nada si tu rollo es más moderno. Yo tenía uno que hizo mi madre en tiempos de Carolo, y que parecía hecho ad hoc para la bandeja.

Y luego piensa qué necesitas tú siempre que te vas a tomar un café: ¿azúcar? ¿edulcorante? ¿cucharillas? ¿cacao para el capuccino? o ¿quizá miel?. Lo que tú acostumbres a usar.

- Después busca unos botecitos monos que tengas por casa, o unas cucharitas originales para que además de práctico sea decorativo.

En Alemania hay, en contra de lo que muchos piensan una gran cultura del café y el té, te venden todo tipo de siropes, azucarillos, espumadores etc etc. y a nosotros que en el fondo somos unos pijos nos encanta el ritual del cafetito (o del té en su caso).

Y es que lo que hace la vida bonita son los rituales.

No es lo mismo ponerse un café en una taza de propaganda de cualquier manera y coger unas galletas en la mano y tomartelo corriendo por el pasillo, que poner una bandejita, colocar dos tazas bonitas con su plato y un platillo con una blonda que transforma dos tristes galletas Marías en la aristocracia de la pastelería.

Esas pijaditas son herencia de mis papis, que siempre han sido muy así. Mi madre hasta dice que ofrecerle a alguien un vaso de agua sin un platito debajo y una servilleta es de mala educación, hacéos una idea.

- Pues vamos a llenar nuestra bandeja. En mi caso busqué:

Unos cacharritos para el azúcar y el Canderel (que ahora estoy con la dieta en serio serio). Compré seis de estos para un brunch que organicé hace un par de años, creo que me costaron 1´50 y venían con cucharita y todo.

Pero el año pasado me compré dos cucharitas monísimas en Zara Home, y me apetecía lucirlas un poco, así que se las puse

En las muchas cafeterías que hay por aquí, puedes elegir si ponerle al café un toquecito de sabor, a mi me encanta por ejemplo el cacao caliente con un toque de coco.

Para ello, venden unos siropes franceses en las tiendas Gourmet que se llaman Monin y están de vicio. Las botellas grandes se nos caducaban porque se echa muy poquito, así que nos encantó cuando nuestros amigos Fran e Ines nos regalaron una selección de miniaturas de Coco, chocolate blanco, nueces de macadamia, avellana, caramelo y vainilla. Además las botellitas son muy cucas

Qué más, qué más… ¡miel! para el té. Tenía un botecito de miel por alguna parte que me regaló mi madre al principio  de venirme aquí, es chulísimo y nunca lo había podido sacar a la luz. Tiene hasta su cucharita especial con una abeja en la punta, ¡me encanta!

Para poner las bolsitas de té cuando las sacas, o los dosificadores, encontré en el CASA de Santa Cruz de Tenerife unas bandejitas blancas en forma de tetera por 1´29 euros.

Los dosificadores para el té. El del cupcake es también de CASA, el otro lo tengo desde hace siglos, creo que lo encontré en MUSGO.

Una latita que compramos el guiri y yo en Segovia en nuestra primera excursión de novios para meter los azucarillos de sabores…

Unos cacharritos para el Kandis Zucker blanco y moreno (azúcar especial para té) con unas cucharitas que tenía también (de Sandra Marques, creo, cosa de mi madre)

Aquí podéis ver las manos de los atrezzistas voluntarios que casi la lian parda…

El batidor de leche (aunque la cafetera tiene uno, es un rollo limpiarlo para un sólo café, éste es más práctico).

Las cajas de Té (la de madera me la regaló mi hermano hace siglos cuando me empecé a aficionar a las infusiones y le tengo mucho cariño).

Y por último ¿qué sería un capuccino sin cacao?, pues un bote con colador por arriba (no sé cómo se llaman) para el cacao.

Este bote en realidad es para espolvorear las superficies con azúcar glas tamizada cuando haces cosas con fondant, pero no lo he usado nunca para eso, así que ha cambiado de cometido en la vida.

Cucharitas no he puesto porque el cajón está justo debajo, y el armario de las tazas justo al lado.

Añades unas etiquetas bonitas a juego con el pañito,

lo colocas todo al lado de la cafetera (“caprichito” del guiri) y el cueceagua, y el resultado es…

Un momento… falta algo…

¡Ah sí! un cartelito-etiqueta ¿cómo no?

¿Os gusta? lo diseñé con el Power Point a partir de un dibujo que encontré en “The graphics Fairy”, donde Karen, pone cada día nuevas imágenes para utilizar libremente en tus trabajos manuales, en tarjetas etc. Son increíbles, y ya he usado algunas de ellas para mis proyectos. No dejéis de visitarla aquí. Las letras no se aprecian bien pero son como de punto de cruz (creo que la fuente se llama Cross Stitch o algo así)

El marco es de…¡plástico! pero da el pego totalmente.

Es el típico ejemplo de cosas, como las armaduras medievales de los japos en Toledo, que ves en una tienda y piensas: ¡Qué espanto! ¿quién comprará eso?

Pues yo, y queda que ni hecho a propósito o no?. Muchas veces las cosas tienen potencial, y objetos que en principio no son especialmente de tu gusto, para determinados fines, pueden ser la pieza perfecta.

Mmmm creo que en la próxima excursión a Toledo, en vez de mazapán me traigo una armadura, oye a lo mejor de perchero tiene su punto… o como héroe-toallero para sujetarte las toallas cuando sales de la ducha…

Y ya tenemos una “Coffee and tea station”, o en castizo “el rincón del té y el café”

(Sí, como habréis notado he encontrado entretanto otra latita para los azucarillos que pegaba más con los colores… una es “asín” que le vamos a hacer)

Lo que véis encima de la cafetera son las blonditas mini para las bandejitas pequeñas donde pongo las galletas, y otras que descubrí gracias a la abuela de Rolf, que son como absorbentes y se ponen en el platillo bajo la taza por si se sale una gotita de café (la abuela del guiri es también muy así de detallitos, pone unas mesas que te puedes morir de elegantes y bonitas) te ahorran los charquillos en los platos que luego te manchan el mantel, estos alemanes piensan en todo

Voy a poner otra foto del resultado porque me encanta

y otras porque yo lo valgo

Y ahora un antes y después en plan programa americano, me encanta lo friki que me estoy volviendo con los años

¿Hace un cafetito?

Espero que os sirva la idea, si tomas bastante café o infusiones es super práctico, os lo puedo asegurar y cada uno lo puede adaptar al hueco o a las necesidades que tenga.

Un besito

PILAR

8 Responses to “Acorralando el caos 1: el rincón del café antes y después.”

  1. susana cebrián says:

    Simplemente perfecto!

  2. Pilar says:

    Gracias Susana!!!! un besete!!!

  3. pilar says:

    Impresionante,ahora cuando vengas en navidad te tengo un trabajito…,yo me hago cargo de los nanos

  4. María says:

    AY Pi, lo de la encimera recogida, qué razón tienes, qué rabia me da tener cosas de por medio, con lo mini que es mi cocina, y pila limpita y seca por favor, la cocina reluciente como si no se hubiera cocinado en la vida, ¡claro que sí!

  5. Pilar says:

    Ah¡ esta Maria, pero es que a estos alemanes les chifla el abigarramiento en las casas. Yo creo que deberian poner en la puerta un cartel de esos de “peligro de avalancha” porque telita…

  6. Pues te ha quedado muy organizado y bonito. Además el tapete de ganchillo lo puedes utilizar ahora para hacer las galletas de moda y … que se quite la Martha ( Si el “la” también es muy de aqui)

  7. Please, nos pones aquí tambien lo de la suscripción por e- mail?

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